¿Quién es QILAS?

Buenas noches a todxs.


Antes de presentar unas lindas slides que hemos puesto para este día, y antes de presentarles a un grupo maravilloso de super héroes, les quiero compartir un poco de mi.


Les podría contar que estamos listos, les podría contar que somos listos, les podría contar que somos los mejores. Pero no les quiero mentir. Les quiero decir la verdad, pues de eso, me parece, se trata el trabajo que estamos haciendo aquí.


Antes de contarles la verdad les voy a contar una verdad mía.


No sería raro el caso de que entrarán un día a QILAS, y esté leyendo poesía en voz alta, o un artículo de algún filósofo Aleman, o un cuento de Julio Cortazar. Me gusta leer en voz alta y por eso lo hago el día de hoy. Hace dos días nos preguntamos que traemos a la casa abierta, y la única respuesta que salió de mi corazón fue dual. Traigan sus regalos y la verdad yo ya regalé demasiado. Pero hoy les traigo este regalo, el regalo de leer en voz alta, una actividad que amo hacer.


Pero no es lo único que amo, también amo a mi hija, QILAS.


La amo porque también amo a su madre, Sofia, Filosofía.


Les quiero relatar cómo me enamore de Sofía. Estaba sentando leyendo un libro, mientras leía los argumentos de los personajes griegos llegamos caminando lentamente a uno de los mitos más famosos en la historia de la filosofía. El mito de la cueva. Muchos lo conocen. Esto es lo que yo viví.


Estaba ahí, sentado viendo mi Iphone, mire alrededor y vi a miles más como yo. Me vi a mi, y al resto de los prisioneros. Y sentí, sentí frustración, sentí impaciencia, sentí impotencia.


¿Por qué? ¿Por qué estamos atados con cadenas? ¿Por qué el mundo es así de despiadado, así de corrupto? Poco a poco observe como esa ira, esa tristeza, ese dolor transmutaban en otra energía.


Y sentí que pude soltarme de la cadena que me sostenía al piso, el resto de cadenas todavía están aquí conmigo.


Pero pude dar la vuelta y me di cuenta que estaba dentro de una cueva, y al final había una luz. Que linda luz, ¿Cómo llego a ella?


Un camino de montañas, de caídas, de sonrisas, y de confusión se aparecieron frente a mi.


Ya casi apunto de salir, estaba tan cansado y existencial que me pregunté, bueno, y ¿para qué salir? Si estoy tan cansado. Descanse. Descanse. Pero la ira, el dolor, la tristeza seguían siendo una pequeña vela, que durante mi descanso se prendía cada vez más, tan amplia que sin darme cuenta ya estaba saliendo.


Y una vez afuera la vi, vi la belleza, la belleza de la Idea.


La Idea de que puede existir un mundo más igualitario y menos egoísta, un mundo con más libertad y menos cadenas. Un mundo con más luz y menos oscuridad. Un mundo con más honestidad y menos corrupción. Un mundo con más artistas y menos robots.


La Idea.


Y de pronto llegó el momento de regresar, el libro se estaba terminando, y como todo lo bello, no quería regresar, quería quedarme ahí sentando, en las nubes de lo bello, en las nubes de la Justicia, de la Verdad, de la Idea.


Atrapado en el tiempo y en el espacio, con miedo, con mucho miedo, de no poder, de fallar, de morir en el intento, regresé a la cueva. El aterrizaje en Quito fue forzoso.


Pero hoy estamos aquí. Con el dolor, con el miedo, con amor, con mucho amor y con mucho cariño.


Hoy estamos aquí, hoy les quiero presentar la Idea. Les quiero presentar a mi amor Sofía, y a nuestra hija QILAS.







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